
Articulo extraido de Diario "El Correo" (Eva Molano).
Los voluntarios de la DYA y Cruz Roja llevaron el peso del rescate: sumaron más de 150 evacuados en la zona de Fadura y trabajaron hasta 18 horas seguidas.
La primera mano amiga que sintieron los mayoría de los rescatados por el desbordamiento del río Gobela fue la de los integrantes de los equipos de rescate de la DYA y Cruz Roja. La jornada fue maratoniana para los voluntarios, que trabajaron durante más de 18 horas, hasta bien entrada la noche del lunes. Su hazaña les convierte en héroes desinteresados que salvaron vidas y ayudaron a superar momentos de crisis, de pánico.
Desde ancianos a bebés, rescataron a más de 150 personas aisladas en sus domicilios. El centro neurálgico de los efectivos de Cruz Roja acabó en la rotonda de Fadura. A bordo de una zodiac estuvo Pedro Nogueira, pescadero de profesión. Uno de los casos más críticos que atendió en Larrañazubi fue el rescate de una señora de 95 años que necesitaba medicinas. «Me trasladé nadando, mientras se solicitaban refuerzos. Una vez allí, se la medicó in situ». Ya en el barrio de Aldapa, el veterano socorrista cooperó en el rescate de un bebé. Pero no sólo se atendieron urgencias. Si quedaba un hueco, se ayudaba a los demás. «Primero había que establecer prioridades y ver quién necesitaba más ayuda, pero también le compramos una barra de pan a una señora y ayudamos a salir a otra persona que quería coger un vuelo», relató Nogueira.
Cruz Roja sólo evacuó a un herido a Cruces en ambulancia, porque se había dislocado un hombro al resbalarse. Los conductores del vehículo de socorro, Mireia y Jonathatan Mangas, le llevaron hasta el centro hospitalario: «Desde las tres de la mañana del domingo hasta las seis de la tarde, estuvimos mano a mano, sin descansar, pasando frío, mojándonos. Hasta dejamos nuestra propia ropa a la gente que estaba empapada. En esas circunstancias, también les sirves de apoyo psicológico», relata Mangas. La pareja realizó más de 30 traslados; la mayoría, a la residencia municipal Sagrado Corazón.
Sin señales ni semáforos:
Itxaso Rodríguez, enfermera de profesión y voluntaria de la Asociación de Ayuda en Carretera, atendió en la UVI móvil. Con ella a bordo, se trasladó al hospital a una mujer operada hacía 15 días de un problema mamario; un anciano de 79 años se quedó sin medicación en la avenida Salsidu, pero se le atendió en su propio domicilio. En total se hicieron tres traslados al Hospital: «Uno subió a la ambulancia a cambiarse de ropa, pero le entró una crisis asmática motivada por la ansiedad», explicó Rodríguez.
Los conductores de las ambulancias se las desearon para transportar a las víctimas. «Era un caos. Ya no existían direcciones prohibidas ni semáforos. Muchas calles estaban inundadas. Había que echarle imaginación y buscar rutas alternativas», recuerdan. El primer rescate efectuado por la DYA fue a las 4.30 de la mañana frente a Fadura. «La madre estaba con el agua hasta el cuello, toda mojada, y tenía al niño alzado», explica Nelson Porto, especialista en emergencias acuáticas, que permaneció más de 12 horas en el agua. «Era una situación muy complicada, pero cogí a la niña y la llevé directamente a una ambulancia. No sabía dónde estaba pisando, había que andar con mucho cuidado».