
En pleno arranque de la temporada oficial de playas, una plaga de medusas estropeó el primer chapuzón del verano a cientos de personas, muchas de ellas vizcaínas, que recalaron el fin de semana en alguno de los arenales de Castro Urdiales para disfrutar del buen tiempo. Había «montones» de ellas y llegaban en «oleadas». La Cruz Roja, que se estrenó el sábado como responsable del servicio de vigilancia y salvamento por segundo año consecutivo, localizó varios bancos de estos animales cerca de la costa y numerosos cadáveres en la orilla.
Estos últimos eran «marrones y muy pequeños» -de unos siete centímetros-, mientras que el resto, algo más grandes, alcanzaban los diez. Por fortuna, no se trataba del regreso de la 'carabela portuguesa', aquella peligrosa especie que atemorizó y picó a varios veraneantes de la localidad el año pasado. Esta vez, los visitantes eran cientos de ejemplares de 'aguamala', o medusa común -«moradita y con forma de sombrilla»-. Su picadura es molesta como la de una ortiga, pero no entraña riesgos.
El motivo que barajaba ayer Roberto Cabieces, coordinador de playas de la Cruz Roja en Castro, para explicar tan abrumadora visita era el incremento de «entre dos y tres grados» que ha experimentado el agua en los últimos días. Pese a ello, el mar seguía estando algo frío -17 grados- respecto a la calidez que, años atrás, buscaban las medusas. «Con el cambio climático se han adaptado», sostiene. Pero Cabieces recuerda que estas plagas esporádicas no son insólitas en Castro. Se han sucedido a lo largo de los años. «No es raro ni malo que aparezcan», subraya.
A la vista de los hechos, el sábado los socorristas fueron modificando el color de las banderas que alertaban del peligro a medida que las colonias de medusas iban desplazándose de una playa a otra. En Ostende, el arenal más afectado, la bandera ondeó roja todo el fin de semana. En otra de las más populares, Brazomar, hubo que colocarla el domingo, y en Oriñón, a ratos un día antes. No estaba recomendado entrar al agua.
Mientras, efectivos de la Cruz Roja, a bordo de una zodiac, vigilaban la costa cada hora y recogían con redeños y cubos especiales todas las medusas que podían para entregárselas al personal de la Consejería de Biodiversidad del Gobierno de Cantabria. El Ejecutivo regional determinará si se trata de una plaga en toda regla o de un suceso esporádico.
Salvarios:
La única playa que se libró de la presencia de estos molestos huéspedes fue la de Dícido, en la pedanía de Mioño. En el resto, los efectivos de la Cruz Roja llegaron a asistir por picaduras a una decena de personas, entre ellas niños. Ayer ya no quedaba «ni rastro» de medusas en Castro y decenas de bañistas pudieron resarcirse durante todo el día del mal trago del fin de semana.
Pero estos animales no fueron los únicos en amargar el fin de semana a los veraneantes. Y es que varios 'peces escorpión' o salvarios también hicieron de las suyas. Enterrados en la arena, salieron al paso de tres personas en las playas de Arenillas, Brazomar y Ostende.
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